Cómo cambiar una creencia que te limita: un ejercicio para empezar hoy

A veces creemos que nuestro problema es que procrastinamos.
Que somos perezosos o que no tenemos fuerza de voluntad.
Que perdemos mucho tiempo o nos liamos con chorradas que nos hacen desviarnos de lo que nos habíamos propuesto hacer.
Que empezamos algo con muchísima ilusión y, pocos días después, lo abandonamos.
Que un lunes nos sentimos capaces de comernos el mundo y el jueves no queremos ni salir de casa.
Y entonces comenzamos a juzgarnos:
"Soy vaga."
"No tengo fuerza de voluntad."
"Nunca termino nada."
"Siempre hago lo mismo."
Pero ¿y si la procrastinación no fuese el verdadero problema?
¿Y si fuese solamente la parte visible de algo que está ocurriendo mucho más abajo? ¿Y si el problema o síntoma que crees tener, en este caso, la procrastinación, fuese la solución a un problema mayor que tienes, y que no sabes que tienes?
"Sé lo que tengo que hacer… pero no consigo hacerlo"
Voy a explicártelo utilizando un caso real de consulta cuyos datos personales han sido modificados para preservar completamente su intimidad. La llamaremos Lucía
"Empiezo cosas, pero después no las mantengo"
Lucía llegó a consulta explicándome algo que muchas personas reconocerán.
Hay días en los que se siente motivada. Sale. Explora. Coge el metro. Hace planes. Empieza cosas nuevas. Piensa en trabajar, avanzar, conocer lugares, hacer trámites, cambiar aspectos de su vida…
Pero después aparece otro estado completamente diferente.
Deja las cosas. Procrastina. Se esconde. No termina lo que empieza.
En el pasado, además, fumaba marihuana y podía pasar días enteros tirada en casa, sin hacer nada, mientras seguía posponiendo precisamente aquellas cosas que sabía que podían ayudarla a avanzar.
Y cuanto más se repetía ese patrón, peor se sentía consigo misma.
Y aquí aparece una de las partes que más sufrimiento le genera.
Porque su parte consciente sí quiere hacerlo.
Lucía entiende perfectamente que enviar un currículum le puede venir bien. Sabe que terminar determinadas cosas puede ayudarla a avanzar.
Se propone hacerlo. Lo intenta. Incluso empieza.
Desde la lógica (la mente consciente es lógica) puede decirse:
"Venga, hazlo. Si sabes perfectamente que esto te viene bien."
Pero después aparece algo que parece tener mucha más fuerza y además, no tiene ni lógica ni razón: la programación de la mente inconsciente
"¿Por qué hago esto si sé perfectamente lo que debería hacer?"
Aquí empezamos a entrar en algo fundamental. Gran parte de nuestra conducta no depende únicamente de aquello que pensamos conscientemente.
Existen aprendizajes, asociaciones, respuestas emocionales, automatismos y creencias que pueden estar funcionando sin que en ese momento seamos plenamente conscientes de ellos.
En este artículo no quiero detenerme en explicar todas las diferencias entre la mente consciente e inconsciente. Te animo a investigar las principales diferencias entre la mente consciente y la mente inconsciente, las características de esta última, el acceso a la mente inconsciente, etc.

Saber racionalmente lo que nos conviene no significa que podamos comportarnos de acuerdo con ello ~Cuti Loureiro ~
Hay muchas formas de explorar esas respuestas automáticas y las creencias limitantes que estan funcionando fuera de nuestra conciencia: hipnosis, PNL (Programación Neurolingüística), silla vacía, constelaciones familiares, trabajo con Playmobil y figuras, escritura automática, kinesiología, técnicas corporales, NET y otras herramientas que utilizamos también en nuestra consulta de Vigo.
En este caso concreto, con Lucía utilizamos NET: Neuro Emotional Technique o Técnica Neuroemocional.
Primero necesitamos saber cuál es "la película". Durante la primera parte de la sesión Lucía me cuenta qué está ocurriendo.
No necesitamos analizar toda su vida. Queremos concretar qué situación está generando sufrimiento ahora.
Después de escucharla resumimos el motivo de consulta y le ponemos un título, como si fuese una película.
La película de Lucía podría llamarse:
"Cuando tengo que hacer algo, procrastino. Empiezo con ilusión, pero no consigo mantenerlo en el tiempo. Soy inconsistente con mis objetivos y también con mis estados de ánimo."
Antes de comenzar le pregunto cuánto dolor o malestar emocional le provoca actualmente esa situación. Utilizamos una escala subjetiva del 0 al 10.
0 significa: "Esto no me genera ningún malestar."
Y 10: "Es el máximo malestar emocional que esta situación me provoca."
Lucía responde: 8 sobre 10.
No estamos midiendo objetivamente su dolor ni comparándolo con el de nadie. La pregunta es simplemente: "¿Cuánto te duele esto a ti?"
En su caso en “el saco de dolor” aparecen: impotencia, angustia, culpa, rabia, cansancio, frustración e incomprensión.
Sobre todo una sensación: "Sé que estoy posponiendo cosas importantes para mi vida y no entiendo por qué sigo haciéndolo."
Ahora vemos la película en 7D: no quiero que Lucía vea la película únicamente con los ojos, quiero que observe la experiencia completa esto es: lo que ve, lo que escucha de los demás, lo que ella dice, lo que se escucha decir a si misma mentalmente, lo que siente, dónde lo siente y de que forma es la sensación corporal que experimenta, las personas que participan, los lugares donde está, etc.
A través de la técnica empezamos a recorrer situaciones, imágenes, recuerdos y escenas vinculadas con aquello que acabamos de definir.
Durante el proceso Lucía realiza los cambios de mano que utilizamos en la técnica tantas veces como necesita mientras continúa recorriendo las escenas. Y va a hacer tantos cambios como necesite hasta que para ella no tenga sentido seguir viendo la película. Hasta que sienta que su dolor (8/10) ha bajado. Para de hacerlo cuando las escenas ya no tengan, para ella, una carga emocional significativa. Y aquí se termina la técnica NET, no sin antes volver a testar en qué número de la escala del 0 al 10 estaría ahora su dolor.
Y ahora hacemos algo más: Buscamos a la Lucía más pequeña de toda la película

De todas las imágenes que han aparecido, le pido que observe cuál es aquella en la que ella es más pequeña. La escena más antigua que haya surgido dentro de esta película.
Esto no significa afirmar que hemos encontrado necesariamente "el momento exacto en el que nació el problema".La memoria y el aprendizaje humano son mucho más complejos.
Lo que buscamos es una escena temprana que emocionalmente esté relacionada con lo que estamos trabajando.
Y una vez aparece esa niña hacemos algo fundamental: no la corregimos, ni juzgamos, ni vamos a convencerla de nada. No se trata de explicarle nada.
Simplemente la escucha. La “Lucía adulta” permanece presente como testigo.
Porque queremos descubrir cómo interpretó aquella niña lo que estaba ocurriendo utilizando la experiencia y los recursos que tenía en ese momento.
Así que yo me dirijo a esa niña, y le animo a que responda lo primero que aparezca, la primera respuesta o frase que le venga, sin pensar demasiado, sin cuestionar como correcta/incorrecta la respuesta. Animamos a la “niña Lucía“ que la mejor respuesta es la primera que le llegue. “Lucía adulta” sólo observa, escucha y media entre ella y yo para “chivarme “ lo que la niña responde.
Y empezamos a completar frases. En esta situación en la que estás……..
1-….Aprendí sobre la vida y el mundo
"La vida es…"
"En el mundo las cosas que ocurren son…"
2-……Sobre las personas y los vínculos
"Las personas son…"
"Mamá…", "Papá…", “La profesora “
3- Sobre el amor….
"Para que me quieran tengo que…"
4- …..Sobre mi
“Esta situación ha ocurrido porque yo ..…”
“ En esta escena yo me he dado cuenta que yo soy…..”
Y aquí, en Lucía empieza a aparecer:
"La vida es difícil."
"En el mundo las cosas son duras."
"Las personas me dan miedo.”
Y mi miedo es que…..
“Si no soy perfecta no puedo estar aquí “
Todo esto lleva implícito una idea un decreto:
"Si no hago las cosas bien, me retirarán el cariño, el amor, la mirada, la seguridad, el contacto, la pertenencia." Y detrás de todo esto el pánico profundo de “ Si no hago las cosas bien estoy muerta”
Para una niña de seis años, perder la cercanía de sus figuras de apego no se vive como lo viviría un adulto. Ella depende de esas personas. Necesita su presencia, su protección, su mirada y su cuidado.
Por eso, en un nivel muy primario, la separación, el rechazo o la pérdida de pertenencia pueden sentirse como una auténtica amenaza para la supervivencia.
Esto no es algo exclusivo de Lucía. Tiene que ver con nuestra propia biología como mamíferos: durante los primeros años de vida dependemos de otros para sobrevivir. Para una cría pequeña, la proximidad con sus figuras de cuidado no es un lujo. Es una necesidad
Y finalmente: ¿qué pensé sobre mí? Llegamos a una de las preguntas más importantes:
"Si esto está pasando, ¿qué significa para mí sobre quién soy?"
Completa:
"Yo soy…"
En Lucía aparecen dos palabras: "Tonta y Lenta."
“Yo Soy tonta y lenta”
Y si para aquella niña ser tonta o lenta significa no ser perfecta, y ha aprendido que necesita hacerlo perfectamente para conservar atención, aprobación, cariño o pertenencia, podemos empezar a entender la lógica interna: "Si no soy perfecta, no tengo derecho a ocupar mi lugar, a ser vista y ser amada."
¿Por qué un niño puede llegar a pensar así?
Cuando somos pequeños dependemos profundamente de nuestras figuras de cuidado.
Una cría humana necesita proximidad, protección, alimento, contacto y atención. Mantener el vínculo es enormemente importante.
Por eso, ante determinadas experiencias, un niño puede llegar a interpretar:
"Si mamá no me mira, será porque yo he hecho algo mal."
"Si papá se enfada, será porque no he sido suficientemente buena."
"Si no recibo cariño, quizá haya algo equivocado en mí."
Para una niña puede ser más manejable pensar: "El problema está en mí y yo puedo cambiar", que enfrentarse a la posibilidad de que la persona de la que depende para sentirse segura quizá no pueda darle en ese momento aquello que necesita.
Porque si el problema está en mí todavía queda esperanza:
Puedo hacerlo mejor. Puedo ser más lista. Puedo ser más rápida. Puedo molestar menos. Puedo esforzarme más. Puedo hacerlo perfecto. Y quizá entonces….. me quieran. Me miren. Me cuiden. Me acepten.
Es importante entender cómo funciona el cerebro de un niño, poder ver aquella antigua creencia de una manera diferente, con el amor que nace de la comprensión que, en realidad, esa creencia ha estado protegiendo a la niña que fuimos.
Quizá hoy nos parezca una auténtica creencia de mierda. Pero en algún momento pudo intentar cumplir una función: proteger el vínculo y proporcionar cierta sensación de seguridad a aquella niña.
De las creencias nacen emociones, de las emociones acciones y de la suma de tus acciones la realidad que traes a consulta
Si vivo creyendo: "Si fallo pueden dejar de quererme." "Soy lenta." "Soy tonta." "No tengo derecho a ocupar mi lugar.", es comprensible que aparezcan emociones y sentimientos como: miedo, angustia, vergüenza, inseguridad, culpa, tristeza, frustración, cansancio, sensación de incapacidad, soledad, miedo al rechazo
Y después aparecen comportamientos que intentan evitar sentir todo eso:
Esforzarme muchísimo.
Estar hipervigilante a las caras de los demás.
Intentar anticipar qué esperan de mí.
Compararme.
Esconderme.
No pedir demasiado.
No ocupar demasiado espacio.
Procrastinar.
Evitar. No salir. No intentarlo.
Porque aparece una lógica interna muy poderosa:
Si creo que soy tonta y lenta, la mejor manera de conseguir que nadie lo descubra es no hacer nada.
Si no hago, no fallo.
Si no me muestro, no me juzgan.
Si no lo intento, nadie puede comprobar si soy capaz.
Y así se cierra el círculo ⭕️
No hago. Me siento incapaz. Y después utilizo mi propia inacción como una nueva prueba de que realmente soy incapaz.
Escribe tus creencias

El siguiente paso parece sencillo. Pero tiene muchísimo significado.
Cogemos un folio.
Y Lucía escribe con su propio puño y letra las creencias que han aparecido.
Lo que estaba oculto se vuelve visible.
Lo que era intangible se convierte en tinta y papel.
Lo que estaba en la sombra, está ahora en la luz.
Lo que estaba funcionando de manera automática e inconsciente ahora puede ser observado conscientemente
Después coge ese folio con sus manos. Lo mira. Y descubre algo:
"Si puedo observar estas creencias, entonces yo no soy estas creencias."
Yo soy quien se da cuenta de ellas. Yo soy quien las observa. Yo soy quien ahora puede cuestionarlas.
Y puede aparecer además otra imagen muy poderosa.
Soy yo quien tiene agarrado el papel. El papel no me está agarrando a mí. Puedo sujetarlo. Y también puedo soltarlo.
Y si lo suelto: yo sigo aquí. Porque yo no soy mis creencias.
Pon al lado de este folio con las creencias una fotografía de aquella niña
Buscamos una fotografía de aproximadamente la edad que tenía esa niña en la escena que apareció. Y la coloca al lado del folio.
Durante unos días puedes mirar las creencias. Y después mirar a aquella niña.
No para decirle: "Qué tontería pensaste."
Todo lo contrario. Para reconocer su inocencia.
Puedes decirle:
"Gracias."
"Ahora entiendo por qué pensaste así."
"Eras pequeña." "No tenías toda la información."
"Interpretaste lo que ocurría con los recursos que tenías."
"Gracias por intentar protegerme."
"Gracias porque, de alguna manera, todas aquellas estrategias me permitieron llegar hasta aquí."
Es importante reconocer el carácter protector que tuvo aquella creencia. Igual de importante es soltar y dejar de creer algo que hoy está caducado. Sería como intentar conservar y salir a la calle hoy con un chupete porque cuando éramos pequeños nos consoló y nos ayudó ~Cuti Loureiro ~
Ahora podemos soltarlas
Después de convivir durante unos días con esas creencias visibles podemos hacer un acto simbólico. Un pequeño acto psicomágico que represente físicamente una decisión interna.
Coges el folio con tus manos. Y antes de romperlo dices en voz alta:
"Estas creencias me acompañaron durante mucho tiempo."
"En algún momento intentaron protegerme."
"Y se lo agradezco."
"Pero aquello que un día pudo protegerme hoy está caducado."
"Hoy estas creencias ya no me ayudan."
"Me quitan paz."
"Me quitan serenidad."
"Me limitan."
"Me impiden vivir plenamente."
"Ya no necesito seguir sosteniéndolas."
Y entonces empiezas a romper lentamente el folio muy cerquita de tu oído.
Mientras lo haces puedes repetir:
"Cuando rompo estas creencias, yo no me rompo."
"Yo sigo aquí." "Yo sigo completa." "Yo no soy estas creencias."
Hasta que las frases que durante tantos años parecieron enormes quedan convertidas simplemente en pequeños pedazos de papel.
Ahora puedes destruir o desechar esos pedazos de una manera segura
Y utilizar una metáfora muy sencilla (que tu inconsciente entenderá perfectamente):
Nuestro organismo sabe quedarse con aquello que necesita de los alimentos y eliminar lo que ya no le sirve. Es lo que hacemos todos los días. Cuando mi cuerpo toma del alimento aquello que necesita, extrae los nutrientes y se queda con lo útil.
Después elimina lo que ya no necesita, las heces son precisamente eso: aquello que mi cuerpo ya ha utilizado y que ahora puede dejar marchar.
De igual manera, mi cuerpo mental y emocional puede albergar creencias y sentimientos, asociados a esas creencias, que ya no están siendo útiles ni nutritivas para mí.
Por eso, en un momento en el que vaya al baño, una vez haya terminado, puedo realizar conscientemente el cierre del ritual. Con los pequeños fragmentos de papel, los quemo y esas cenizas las dejo caer sobre las heces. Y mientras los observo, pienso:
“De la misma manera que mi cuerpo sabe quedarse con aquello que lo nutre eliminar lo que ya no necesita. Yo también puedo hacer algo con mi historia. Me quedo con la experiencia. Me quedo con el aprendizaje. Me quedo con la fuerza que desarrollé. Me quedo con el amor hacia aquella niña que intentó protegerme. Y elimino lo que ya no me sirve”
Miro por última vez esas creencias antiguas. Respiro profundamente. Y digo:
“Esto ya no soy yo. Esto ya no dirige mi vida.”
“Esto ya ha cumplido su función. Gracias.”
“ Ahora puedes irte.”
Y en plena consciencia, tiro de la cisterna, y observo como desaparece todo por el desagüe, mientras respiro y permanezco completamente presente.
Vamos a construir una nueva creencia potenciadora
Ahora es el momento de una parte importantísima. No basta con identificar aquello que no queremos seguir creyendo.
Necesitamos decidir:
¿Qué quiero empezar a creer ahora?
Pero cuidado!!
Una creencia potenciadora no consiste simplemente en escribir lo contrario de la antigua.
Si una persona dice:
"Me importa muchísimo la opinión de los demás", la solución no tiene por qué ser: “No me importa la opinión de nadie”
Podemos construir algo mucho más amplio:
"Puedo escuchar la opinión de los demás y, con independencia de que sea agradable o desagradable, mi valor no se modifica.”
Podemos buscar aproximadamente cinco o seis nuevas creencias.
Lee diferentes frases. Y observa cuáles generan algo dentro de ti.
Tal vez el pecho se expanda. Quizá aparezca tranquilidad, emoción, alivio, fuerza.
O simplemente una sensación: "Mi vida sería muy diferente si algún día esto fuese profundamente verdad para mí."
Por ejemplo:
Tengo derecho a estar aquí sin demostrar nada.
Merezco amor, atención, cariño y cuidado sin necesidad de ser perfecta.
Puedo equivocarme y seguir siendo valiosa.
Puedo aprender a mi propio ritmo.
Mi valor no depende de la opinión de los demás.
Puedo ocupar mi lugar.
Es seguro para mí mostrarme.
Soy suficiente mientras sigo aprendiendo y creciendo.
Coherencia cardiaca y nuevas creencias
Una vez que hemos elegido las nuevas creencias, podemos trabajar primero —y, de hecho, sería muy recomendable hacerlo— un estado de mayor calma.
Para ello utilizaremos la coherencia cardiaca. Cierra los ojos y lleva tus dos manos al pecho. Este gesto te ayudará a dirigir toda tu atención hacia la zona del corazón. Mientras mantienes esa atención, sigue un patrón respiratorio sencillo: inhala durante cuatro segundos y exhala durante cuatro segundos.
Al mismo tiempo, intenta generar de forma voluntaria sentimientos de cariño, amor, cuidado, compasión, gratitud, alegría, orgullo o reconocimiento. Si al principio te resulta difícil sentirlos directamente en tu cuerpo, puedes ayudarte pensando en una persona, un recuerdo o una situación que despierte en ti alguna de esas emociones agradables.
Te recomiendo que leas e investigues un poco más sobre esta maravillosa técnica de coherencia cardiaca. Para este ejercicio basta con mantener este estado durante un par de minutos, respirando con calma y dejando que el cuerpo vaya entrando poco a poco en una sensación de mayor serenidad.
¿Qué quieres empezar a creer sobre ti?
He preparado una guía GRATUITA con una selección de creencias potenciadoras sobre la vida, los vínculos, el merecimiento, el amor, la seguridad, la abundancia y, sobre todo, sobre ti misma.
No tienes que elegir las frases que "suenen mejor".
Te recomiendo que las leas en voz alta y observa cuáles producen algo en ti: una expansión en el pecho, alivio, emoción, alegría o esa sensación difícil de explicar de: "Esto es importante para mí."
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Sobre Cuti Loureiro
Soy terapeuta en Psicosomática Clínica y Humanista, Kinesiología Holística y acompañamiento emocional. Trabajo desde Vigo y también online, acompañando a hombres y mujeres que desean reconectar con su cuerpo, su alma y su propósito vital.
En cada sesión integro herramientas como la kinesiología holística, la terapia familiar sistémica, las constelaciones familiares y el enfoque energético y espiritual, facilitando procesos de sanación profunda y transformación interior.
