ALCOHOL: Autoconocimiento para Liberar lo que Consumimos, Observar nuestras Heridas, Ordenar nuestra historia y recuperar la Libertad

04.09.2026

Si estás leyendo esto, probablemente el alcohol ya está ocupando más espacio en tu vida del que te gustaría. Quizá hayas intentado controlarlo. Quizá hayas dicho muchas veces «mañana no bebo», «esta vez solo una», «puedo dejarlo cuando quiera»… y después hayas vuelto a hacerlo.

Y puede que junto al consumo hayan aparecido la culpa, la vergüenza, las discusiones, las promesas incumplidas o esa pregunta tan dolorosa:

«¿Por qué sigo haciendo algo que sé que me perjudica?»

La respuesta no es simplemente «porque te falta fuerza de voluntad».

Y aquí empieza nuestra intervención: comprender qué está ocurriendo antes de intentar cambiarlo.


¿Quieres empezar a comprender tu relación con el alcohol?

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1-El alcohol no es el problema: es la solución a un problema inconsciente mayor

Muchas personas llegan a consulta diciendo:

"Mi problema es el alcohol." "Bebo demasiado." "No sé cómo dejar de beber." "Sé que me está haciendo daño, pero sigo haciéndolo."

Y, sin embargo, en nuestra consulta tenemos claro que el alcohol no es ese problema original. Es la solución que la persona encontró, consciente o inconscientemente, a un problema mayor.

Casi podríamos afirmar que, en muchos casos, el alcohol, más que ser el problema, ha sido la solución: la manera encontrada para regular, anestesiar, escapar, pertenecer, descansar, llenar un vacío, vencer la timidez o mantenerse vinculada a una historia personal o familiar mucho más profunda.

Una solución que al principio alivió. Que calmó. Que anestesió. Que permitió descansar. Que ayudó a socializar. Que dio valor para hablar. Que permitió reír cuando por dentro había tristeza. Que ayudó a dormir cuando la mente no conseguía detenerse. Que llenó, aunque fuese durante unas horas, un vacío difícil de explicar. Que permitió escapar de situaciones que parecían insoportables. Que creó una sensación de pertenencia cuando sentirse diferente o fuera del grupo resultaba demasiado doloroso.

El problema aparece cuando esa solución empieza a generar más sufrimiento que aquello que intentaba solucionar.

Entonces comienza el círculo:

Aquí es donde la adicción al alcohol empieza a convertirse en una prisión. Y para salir de ella no basta con quitar el alcohol. Tenemos que entender para qué estaba ahí.

Porque si una persona bebe para calmar ansiedad, tendremos que enseñarle otra manera de regularla.

Si bebe para poder dormir, tendremos que trabajar qué impide que su cuerpo y su mente descansen.

Si bebe para pertenecer, tendremos que explorar qué ocurre con su identidad, sus vínculos y su necesidad de aceptación.

Si bebe para anestesiar dolor, tendremos que acercarnos poco a poco a ese dolor.

Y si bebe para escapar de sí misma, tendremos que ayudarla a construir un lugar interior al que ya no necesite escapar.

Una cuestión de vital importancia….

Antes de preguntarte: "¿Cómo puedo dejar de beber?"

Quiero proponerte otra: "¿Qué consigo cuando bebo que todavía no he aprendido a conseguir de otra manera?"

💡Esa pregunta puede cambiar completamente el tratamiento.

2-El problema con el alcohol empieza, sin duda, mucho antes de la primera copa

Cuando una persona dice: "Mi problema con el alcohol empezó a los 26 años" o "Llevo doce años bebiendo", en realidad está tomando como punto de partida el momento en que empezó a beber de una determinada manera. Pero la historia comienza mucho antes.

Antes de la primera copa ya existía una biografía, una forma de regular las emociones, una familia, unas pérdidas, unos modelos, unas lealtades, una cultura y una manera aprendida de enfrentarse al dolor, al miedo, al vacío, a la pertenencia o a la necesidad de descansar, celebrar y callar*


[*Y precisamente aquí me gusta hacer una lectura simbólica de la palabra A-dicción. No porque su etimología signifique literalmente "no decir", sino porque muchas veces la adicción parece hablar por todo aquello que durante años no pudimos expresar: Lo que no dijimos. Lo que tuvimos que tragarnos. Lo que sentimos que no podíamos contar. Lo que tuvimos que esconder para pertenecer, para no generar conflicto, para no perder amor, para sobrevivir emocionalmente]

En ocasiones, el alcohol termina poniendo una especie de anestesia sobre todo aquello que quedó sin palabras.


Pero esta historia no empieza únicamente en nuestra infancia.

Desde mi enfoque terapéutico también exploramos el proyecto sentido gestacional, la historia transgeneracional, las lealtades familiares y todo aquello que nuestro sistema ya estaba viviendo antes de nuestra llegada.

Porque nadie nace aislado. Nacemos dentro de una historia. Dentro de una familia que ya había amado, sufrido, perdido, callado, sobrevivido y aprendido determinadas maneras de relacionarse con el dolor.

Puede haber duelos no elaborados: Separaciones, Abortos, Muertes tempranas o que supusieron mucho estrés.

Secretos. Violencia. Abandonos y Ausencias.

Adicciones. Personas excluidas del sistema: por locura, rabia, vergüenza, ilegitimidad, etc

Embarazos vividos con miedo.

Madres o padres emocionalmente desregulados. Situaciones económicas difíciles.

Relaciones atravesadas por el conflicto. Expectativas sobre quién debíamos ser.

Y todo ese contexto forma parte del terreno emocional en el que nuestra vida comienza.

A veces incluso encontramos algo que se repite: Un padre, abuela o tío que bebían. 

Alguien de quien apenas se habla.

O una familia entera en la que el alcohol ha estado presente durante generaciones.

Y aquí aparece una pregunta terapéutica muy poderosa:

¿A quién estoy siendo leal cuando repito esta conducta? o dicho de otra manera, ¿ Si dejara el alcohol al lado de quien (inconscientemente) dejaría de estar?

Porque, en ocasiones, el alcohol no solo sirve para regular una emoción. También puede convertirse en una manera inconsciente de seguir perteneciendo. De permanecer cerca de alguien. De repetir un destino conocido.

De decir, sin palabras:

"Yo también soy como vosotros."
"Yo también cargo con esto."
"Yo también pertenezco."

Y no olvidemos algo fundamental: la mayoría de las personas que tienen un problema con el alcohol desean conscientemente dejar de beber.

Lo deciden. Lo prometen. Lo intentan. Saben perfectamente las consecuencias. Y, aun así, muchas veces vuelven a hacerlo una y otra vez.

Entonces aparece esa frase que escuchamos tantas veces en consulta:

"No sé por qué lo hago."
"No entiendo por qué volví a beber."
"Si yo sabía que no quería hacerlo."

Y precisamente ese "no sé por qué", esa parte aparentemente ilógica de nuestra conducta, nos invita a mirar hacia aquello que ocurre fuera de nuestra conciencia inmediata: Hacia el INCONSCIENTE.

Porque nuestro organismo no está diseñado prioritariamente para hacernos felices.Está diseñado, ante todo, para mantenernos vivos.

Y dentro de esos sistemas de supervivencia existen dos necesidades extraordinariamente antiguas: el Apego ( cercanía) y la Pertenencia.

Para una cría humana, estar cerca de sus figuras de cuidado no era simplemente una necesidad emocional: durante miles de años significaba literalmente sobrevivir.

Y para un ser humano, pertenecer a un grupo tampoco era un lujo: Separarse de la tribu significaba quedar sin protección, sin alimento y sin posibilidades de supervivencia.

Por eso llevamos profundamente incorporada una tendencia a buscar:

Estar cerca de los míos.

No ser expulsado/ rechazado/abandonado

Seguir perteneciendo.

Incluso cuando esa pertenencia tiene un precio.

Incluso cuando repetir determinadas conductas familiares nos perjudica.

Incluso cuando conscientemente pensamos:

"Yo no quiero ser como mi padre."
"Yo no quiero repetir esta historia."
"Yo quiero dejar de beber."

Puede existir otra parte mucho más automática que continúe preguntándose:

"¿Y si cambiar significa dejar de pertenecer?"

"¿Y si estar mejor que ellos significa alejarme?"

"¿Y si abandonar esta conducta significa separarme simbólicamente de alguien a quien necesito seguir sintiendo cerca?"

Y ahí podemos empezar a comprender por qué, en ocasiones, la supervivencia inconsciente puede pesar más que la salud, el bienestar e incluso la felicidad consciente.

No porque la persona quiera sufrir.

Sino porque determinados aprendizajes, vínculos y lealtades pueden haberse asociado profundamente con algo todavía más básico:

pertenecer para sobrevivir.

Y esto abre una pregunta terapéutica fundamental:

¿Qué puede sentir una parte de mí que perdería si realmente dejara atrás el alcohol?

Esa pregunta puede llevarnos mucho más lejos que simplemente repetir:

"Tienes que dejar de beber."


No se trata de buscar culpables.

Se trata de ampliar la mirada.

De comprender que una adicción no aparece en el vacío.

Hay genética.

Hay epigenética.

Hay aprendizaje.

Hay experiencias.

Hay cultura.

Hay vínculos.

Hay memoria familiar.

Hay heridas.

Hay formas de supervivencia.

Y hay también un inconsciente que organiza mucho más de nuestra conducta de lo que creemos controlar racionalmente.

Por eso, cuando trabajamos el alcohol, no nos limitamos a preguntar:

"¿Cuándo empezaste a beber?"

También preguntamos:

¿Qué estaba pasando en tu vida antes de empezar a beber?

¿Cómo se regulaban las emociones en tu casa?

¿Qué se podía decir y qué no?

¿Quién bebía en tu familia?

¿Qué función tenía el alcohol dentro de tu sistema?

¿Qué historias se repiten?

¿Qué cargas parecen no pertenecer solo a tu propia biografía?

¿Qué parte de ti sigue intentando sobrevivir utilizando una estrategia que quizá en algún momento tuvo sentido, pero que hoy te está haciendo daño?

Porque la primera copa puede ser el comienzo visible.

Pero muchas veces, el verdadero origen del problema estaba esperando mucho antes de que esa copa llegase a tu mano.


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Sobre Cuti Loureiro
Soy terapeuta en Psicosomática Clínica y Humanista, Kinesiología Holística y acompañamiento emocional. Trabajo desde Vigo y también online, acompañando a hombres y mujeres que desean reconectar con su cuerpo, su alma y su propósito vital.

En cada sesión integro herramientas como la kinesiología holística, la terapia familiar sistémica, las constelaciones familiares y el enfoque energético y espiritual, facilitando procesos de sanación profunda y transformación interior.